La última semana de mi viaje por Alaska volví a la costa. Mi idea era pasar un par de días en la ciudad de Valdez y desde allí coger un ferry a la Peninsula de Kenai y pasar los últimos días recorriendo esa zona antes de acabar en la bastante fea ciudad de Anchorage. He de decir que en esta etapa me debí contagiar algo del despiste que llevaba encima el alemán, y si hubiese sabido lo que me esperaba me hubiese quedado un día mas en McCarthy. Dentro de nada sabreis porqué.
Para llegar hasta Valdez (allí se pronuncia algo así como Valdisz) tenía que retroceder hasta la Richardson Highway y desde allí dirigirme al sur dando botes hasta llegar al final de esta carretera, que está situado en dicha ciudad. No tenía ninguna prisa por llegar, me bastaba con estar allí a primera hora de la tarde por lo que podía tomármelo con toda la calma del mundo. Recorrí despacio la McCarthy road parando innumerables veces a fotografiar los bosques que hay a lo largo de la pista. Una parada mas en Chitina para repostar, con la consiguiente charla y café con la amable dependienta de la gasolinera, y estaba listo para volver a la costa.
Cuanto mas me iba acercando a Valdez peor pinta tenía el día. Unos treinta kilómetros antes de llegar empezó a descargar una tromba de agua, de esas que hacen que no se vea a tres en un burro a diez metros, y ya no paró de llover prácticamente hasta que se hizo de noche. La idea era pasar dos noches en Valdez y desde allí coger un ferry hasta la península de Kenai. Para el día siguiente tenía pensado hacer alguna excursión por la zona e incluso remar un rato en kayak. El problema fue que dado que la previsión era de bastante mal tiempo, incluyendo densos bancos de niebla, se habían suspendido todas las excursiones para el día siguiente salvo los cruceros, que no me interesaban dado que éstos recorrían la misma zona por la que iría un día después con el ferry. Puesto que mis planes para el día siguiente se habían venido abajo lo siguiente que hice fue intentar cambiar mi ferry y adelantar mi marcha un día, lo que resultó igualmente imposible porque para ese día no había barco previsto hacia Kenai.
Total, que me encontré en Valdez con mal tiempo y un relajado día y medio por delante, de ahí que en aquellos momentos pensase que mejor si me hubiese quedado un día mas en McCarthy pues, para empezar, hacía bastante mejor tiempo. Por otra parte hay que decir que en Valdez el alojamiento es, por razones que desconozco, bastante caro incluso para ser Alaska y los hoteles en general son un tanto cutres. De hecho la habitación en Valdez me costó por noche lo mismo que la de Fairbanks y no había ni punto de comparación. Del desayuno mejor no hablamos.
La ciudad de Valdez es tristemente célebre por dos trágicos sucesos. Al primero de ellos, ocurrido el 27 de marzo de 1964, se lo conoce como el "terremoto de viernes santo", cuyo epicentro estuvo situado a unos noventa kilómetros al oeste de Valdez. Si éste provocó graves daños en la ciudad, el tsunami que se produjo como indeseada consecuencia del mismo terminó de arrasarla por completo. Entre el terremoto y el tsunami fallecieron 128 personas y la ciudad fue totalmente reconstruida en un nuevo emplazamiento situado a unas cuatro millas del original, en un punto mas elevado y mas seguro.
La segunda catástrofe se produjo casi veinticinco años después, concretamente en la madrugada del 25 de marzo de 1989, cuando el petrolero monocasco Exxon Valdez -ironías de la vida, llevaba el nombre de la ciudad-, encalló contra un arrecife en el Prince William Sound pocas horas después de zarpar del puerto de Valdez con destino California. Una sucesión de negligencias terminaron con la colisión del buque contra un risco perfectamente señalizado en las cartas marinas. Al parecer se había desviado de su ruta de salida, con autorización de la Guardia Costera, para esquivar los icebergs existentes en la misma.
Un oficial que no tenía autorización para pilotar en esas aguas, otro que faltaba de su puesto en la estación de proa, el piloto automático, que al estar conectado impidió cualquier maniobra de emergencia y, según parece, unas cuantas copas de mas que llevaba el capitán encima son algunos de los factores que provocaron que aproximadamente treinta y siete mil toneladas de crudo fueran vertidas al estuario, provocando una catástrofe medioambiental sin precedentes cuyos efectos aun se siguen notando. Después de la catástrofe el buque fue reparado y vendido por su propietario, la compañía Exxon, y ha seguido navegando desde entonces con diferentes nombres para distintos propietarios hasta hace apenas unos días. Su último dueño acaba de anunciar su retirada de la circulación y su venta a una empresa que se encargará de desguazarlo y convertirlo en chatarra.
Hay un pequeño museo en Valdez sobre la historia de la ciudad en el que aparecen ampliamente reflejados ambos desastres. Vale la pena dedicarle un rato. Por lo demás la ciudad no tiene mucho mas. En los alrededores, un bonito glaciar casi a pie de carretera y varios senderos que se internan en las montañas que rodean Valdez son alternativas mas que suficientes para aprovechar el día. La pena fue la niebla que había por toda la costa, que daba al puerto un aspecto bastante fantasmagórico y me fastidió el plan del kayac.
Por otra parte entre las ventajas que tiene ir a un sitio como Valdez está la de que la dieta es un poco mas variada, dado que en los restaurantes, además de las inevitables hamburguesas y similares, hay pescado. Aproveché esas dos noches para cenar halibut. Estaba muy rico pero tengo que reconocer que me gustó mas el que comí a la parrilla el año anterior en Forks, Washington.
La mañana que me marchaba amaneció como la anterior, muy nublado y lloviznando. El ferry a Whittier salía a media mañana y aproveché mi último rato en Valdez para dar otra vuelta por el pueblo y sacar alguna foto antes de embarcar hacia la bonita Península de Kenai, penúltima etapa de mi viaje por Alaska.





No hay comentarios:
Publicar un comentario