miércoles, 4 de enero de 2012

DENALI NATIONAL PARK


 Unos cuatrocientos kilómetros separan Anchorage del Denali National Park. Para aquellos a quienes no les apetezca recorrerlos de un tirón el pequeño pueblo de Talkeetna es una buena opción para hacer noche pues queda mas o menos a mitad de camino, a unos doscientos kilómetros aproximadamente de ambas. Hay otro motivo que podría aconsejar hacer aquí una escala. Desde aquí despegan buena parte de las avionetas que sobrevuelan Denali, por lo que quien quiera realizar un vuelo panorámico sobre la zona tiene en Talkeetna una parada casi obligada. No era este mi caso, pero tampoco podía llegar en el día a Denali, así que, como he dicho, me pareció una buena opción para pasar la noche. 

Talkeetna no está exactamente en la Parks Highway, hay que desviarse unos kilómetros para llegar hasta aquí. Apenas hay un puñado de casas a ambos lados de la carretera, varios alojamientos de diverso nivel y un montón de tiendas de recuerdos y agencias que se dedican a organizar los vuelos. Todo el pueblo tiene un cierto aire de postal, parece estar pensado para que lo fotografíen pues buena parte de los edificios están construidos imitando las antiguas cabañas de troncos de los pioneros, lo que le da un cierto aire de decorado de película antigua del oeste. Sin embargo, al igual que en Skagway me siguen faltando el barro y un par de caballos en la puerta del bar. Como casi todos los pueblos de Alaska de mas de cuatro casas tiene un aeródromo y éste, además, tiene estación de tren pues la línea que comunica Anchorage con Fairbanks y pasa por Denali también tiene parada aquí.

La verdad es que me lo tomé con calma. Una noche de descanso y una habitación para mi sólo era algo que no podía desaprovecharse así como así. A fin de cuentas en un par de días volvería a montar la tienda de campaña en pleno Parque Nacional Denali y hasta entonces necesitaba recuperar fuerzas. Así que ni madrugué ni tuve prisa por salir a la mañana siguiente. Incluso me di una vuelta por el pueblo antes de ponerme de nuevo en camino. La ventaja de los pueblos de Alaska es que se recorren rápido así que lo normal es emplear mas tiempo tomando un café que en el paseo. A modo de inciso, los estadounidenses (y también los canadienses) preparan el café igual que cocinan o sea fatal.

A la mañana siguiente me puse de nuevo en carretera. En el horizonte, la cordillera de Alaska en la que el en esos momentos invisible monte McKinley es la cumbre principal. No es fácil verla pues un manto de nubes cubre la cordillera de forma casi permanente. No tenía prisa porque por delante únicamente tenía los doscientos kilómetros que me separaban de la entrada del parque, con un par de paradas previstas por el camino en dos miradores desde los que, con mucha suerte, podría tener una panorámica del McKinley.

Aunque el día no había salido malo la cima estaba cubierta por un espeso manto de nubes por lo que no hubo forma de verlo ese día. Tendría que esperar hasta el último momento de mi estancia en Denali para ver la cima mas alta de Norteamérica, si exceptuamos la fugaz vista desde la ventanilla del avión el día de mi llegada. Sin embargo las dos paradas se convirtieron en cuatro y aunque la carretera era muy buena al final dediqué a recorrerla bastante mas tiempo del que tenía previsto, por lo que no me quedó mas remedio que apresurarme, pues tenía que hacer los trámites necesarios para las dos noches de acampada antes de que cerrasen las oficinas del parque y, para cuando me di cuenta, tenía el tiempo justo para llegar. El culpable, un paisaje de un color entre rojo sangre y tintorro peleón como no había visto jamás.

Al final opté por seguir ruta sin mas paradas, aunque ganas de hacerlo no me faltaron, con lo que conseguí llegar al centro de visitantes del parque casi una hora antes de que cerrasen. Denali no es un parque como los demás. La circulación por el interior está muy limitada, pues únicamente se puede circular con vehículos particulares por los primeros kilómetros de la carretera que se interna en él, quedando el resto reservado para los diferentes autobuses del parque. Como en todos los parques nacionales las normas de acampada son muy estrictas, exigiéndose a los campistas la inscripción previa en el centro de visitantes del parque. 

Además de los campings existentes en el interior del parque, disponibles con reserva previa, existe la posibilidad de hacer acampada libre. Todo el parque está dividido en sectores de acampada con un cupo de personas máximo para cada uno, dependiendo del sector en cuestión. Esto es para aquellos a los que les apetezca explorar el interior del parque a su aire, bajo su cuenta y riesgo y nunca mejor dicho. Requiere inscribirse previamente en el centro de visitantes de vida salvaje del parque, donde te facilitan toda la información necesaria sobre el área asignada y algunas normas básicas de supervivencia en zona de osos. Además, si no lo has hecho previamente, puedes reservar plaza en el camper bus, destinado a llevar a los campistas al interior del parque.

 Mis planes inicialmente consistían en pasar la primera de mis dos noches en el interior del parque en el camping situado en el Wonder Lake, casi al final de la carretera que recorre el interior de Denali, y la segunda en acampada libre en algún sector situado en medio del parque. Sin embargo, dada la cojera que arrastraba desde el Chilkoot por la que seguía a dieta de antiinflamatorios me pareció bastante imprudente este plan, por lo que opté por reservar la segunda noche que tenía planeada en el interior del parque en otro de los campings existentes en el mismo, dejando lo de la caminata campo a través por terrenos desconocidos con la mochila a cuestas para mejor ocasión. Me quedé con las ganas pero lo cierto es que en aquel momento pensaba que esa era la única opción razonable. Transcurridas unas cuantas semanas desde que regresé de Alaska sigo creyendo lo mismo. Una vez cumplimentados los trámites de mi estancia en el interior del parque me fui al albergue que tenía reservado para esa noche. La idea era preparar el equipo para los dos días siguientes y dormir bien pues al día siguiente me tocaba madrugar, ya que tenía plaza en el camperbus a las siete de la mañana. 

Algo muy importante a tener en cuenta cuando se conduce por zonas con abundancia de animales salvajes es que te pueden salir a la carretera en cualquier momento, especialmente al amanecer y al atardecer, cuando bajan a beber a los ríos y lagos. Los que viajábamos en los tres coches que esa mañana nos dirigíamos uno detrás de otro hacia el parque, a unas setenta y cinco millas por hora, nos dimos un buen susto cuando al primero se le cruzó un alce enorme que esquivó de milagro dando el correspondiente frenazo, que los dos que íbamos detrás tuvimos que imitar para no estamparnos contra él. Ese fue el primer alce que vi en Alaska, un macho, y lo tuve bastante mas cerca de lo que me hubiese gustado, al menos en esas circunstancias.

El camperbus es el autobús de los campistas en el Parque Nacional Denali. De color verde, el camperbus es diferente de los demás autocares que recorren el parque dado que este sirve exclusivamente para llevar y recoger a todas aquellas personas que van a acampar en el interior del mismo. Puedes bajar y subir cuando y donde quieras siempre y cuando haya plaza libre. El resto de los autobuses son para excursiones guiadas y difieren entre si en función de la duración de la excursión y del punto al que lleguen. Dado que sólo los guías del propio parque son los únicos que pueden ejercer como tales dentro del mismo no hay mas remedio que contratar una de estas excursiones si se quiere conocer el interior de Denali y no se tiene intención de acampar. De todas formas, al igual que todos los demás buses que recorren el parque, el camperbus para igualmente cada vez que hay animales a la vista y sus chóferes también dan amplias explicaciones sobre el parque y la fauna que lo habita.


Mi bus salía hacia las siete de la mañana y tenía la llegada prevista al camping del Wonder Lake a mediodía. El día había amanecido entre nubes y claros con lo que en principio la cosa prometía, aunque en Alaska el clima cambia completamente en pocas millas o en pocos minutos. Los buses no son especialmente cómodos, son similares a los típicos autobuses escolares que se ven en todas las películas estadounidenses con la única diferencia de que éstos no son de color amarillo. El único tramo de carretera asfaltado que hay en el Denali es el que va desde la entrada del parque hasta la milla catorce, que es igualmente el tramo que se puede recorrer con vehículos privados. A partir de ahí el asfalto desaparece quedando en su lugar una pista de tierra que serpentea a través de la cordillera montañosa que cruza el parque de este a oeste y que tiene en el monte Denali o McKinley su cima mas alta.


El McKinley o Denali es con sus 6194 metros la montaña mas alta de Norteamérica. Hay quien dice que en sí es la montaña mas alta del mundo debido a que es la que mas desnivel salva desde su base hasta la cumbre, mas de cinco mil metros de diferencia, mientras que las grandes cimas del Himalaya apenas superan los tres mil quinientos. Esto no deja de ser una opinión pero lo cierto es que el efecto que causa ver la mole del McKinley como fondo de ese paisaje es espectacular.

La montaña era conocida como Denali, que significa “el mas grande”, por los athabascos que poblaban esa región cuando en 1896 un minero de oro llamado William Dickey la rebautizó como McKinley, en honor del entonces candidato por el Partido Republicano a la Presidencia de los Estados Unidos William McKinley, en lo que sin lugar a dudas fue una maniobra de propaganda en mi opinión un tanto burda. Este personaje resultó elegido, convirtiéndose así en el vigesimo quinto Presidente del país. Reelegido cuatro años después para un segundo mandato fue asesinado a los pocos meses a manos de un anarquista, lo que le otorgó el dudoso honor de ser el tercer Presidente estadounidense asesinado, después de Lincoln y Garfield. El cuarto, y hasta la fecha el último, sería Kennedy, aunque no puede decirse que no lo hayan intentado con otros. 

 
El mismo nombre que la montaña tomaría posteriormente el Parque Nacional que se fundó en 1917, hasta que en 1980 el Congreso decidió rebautizarlo devolviéndole el nombre original por el que los indios athabascos conocían el paraje y con el que se lo conoce en nuestros días, Denali National Park. A su vez el Estado de Alaska decidió renombrar el monte McKinley como Denali siendo éste su nombre oficial en este estado. A nivel federal, sin embargo, su denominación oficial continúa siendo McKinley y como tal aparece en los mapas.

Al asesinado McKinley le sustituyó el entonces Vicepresidente Theodore Roosevelt. Éste, que era un político muy popular pero pasaba por ser demasiado progresista para amplios sectores de su partido, había sido políticamente arrinconado mediante el sistema de promoverlo a la Vicepresidencia, que en Estados Unidos es un cargo casi simbólico y sin competencias, cuya principal y casi única ocupación y preocupación es la salud del Presidente, así que podría decirse que a esos sectores del Partido Republicano les salió el tiro por la culata. Preocupado por la conservación de la fauna y espacios naturales del país fue él quien puso las bases del sistema de parques, monumentos y bosques nacionales del que el Denali, entre muchos otros, forma parte actualmente. A Theodore Roosevelt se lo considera uno de los mejores Presidentes que ha tenido Estados Unidos, siendo la suya una de las cuatro caras que se esculpieron en el Monte Rushmore, en Dakota del Sur. Confío en que a ningún descerebrado se le ocurra la insensatez de esculpir en una ladera rocosa la cara de George W. Bush (ni tampoco la de su padre), no sea que no me quede mas remedio que emular al genial Groucho Marx suplicando “que paren el mundo que yo me bajo”…

1 comentario:

  1. El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido queda ensombrecido ante semejante pedazo Denali Park. Encima has pillado la mejor epoca del año, el otoño, para disfrutar de todo su esplendor. Sldos.

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